sábado, 15 de marzo de 2014

ROMANCE DE LA NIÑA MORENA














¡Ay!, ¡cómo sueña la niña,
 la hermosa niña morena!

En su delicado dorso
lucir quiere alas de seda,
de suave seda de China,
de tersa seda de Persia,
o de terciopelo liso
del que usan las princesas
en sus regios y lindos trajes
y en sus tocados de perlas.
De seda quiere las alas
y no de dorada cera,
que así el candente Helios
sus sueños no derritiera
cuando volara muy alto
rozando la áurea esfera.
No quiere ser loco Ícaro,
aquel que en el mar se hundiera
con sus ilusiones rotas
nadando con las sirenas.
No quiere encerrar sus sueños
en la morada siniestra
del airado Poseidón,
aquel que en el Ponto reina.
Que quiere surcar los mares
y elevar sobre la tierra
su tierno cuerpo de éter
y su carita morena.
Ser mariposa y volar
sobre valles y laderas,
sobre montes y montañas,
muy cerca de las estrellas.
Ser calandria y descansar
sobre las ramas espesas
del frondoso alcornocal
y de la altiva palmera,
sobre los blancos celindos
y las rojas azaleas.
Deleitarse en el paisaje,
posarse en otras riberas,
gozar  de la melodía
del agua que corre fresca,
del agua que corre pura
entre la verde floresta.

**************
  
Voló la niña, voló,
voló la niña morena.
Entre las nubes vibró,
se embriagó de mil quimeras,
mas se olvidó de mirar
lo que a su lado estuviera.
Y aquellos dos ojos negros,
testigos de su odisea,
los perdió en su terco afán
de ir abriendo fronteras.
Y a la tierra regresó,
con sus alas muy enteras
y el corazón destrozado,
la hermosa niña morena.

¡Ay!, ¡cómo pena la niña!
La niña, ¡ay!, ¡cómo pena!







2 comentarios:

  1. Milagros, tan emocionante como Federico. Enhorabuena, es maravillosa

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