
Estaba allí
confiado sobre la colina
reverdecida,
contemplando con orgullo el caudal
del río que corría,
como si suya el agua fuera.
Estaba allí
desafiante al tiempo
fugaz y disperso,
guerrero invencible
de un calendario
lento,
como si suyas las
hojas fueran
Estaba allí
indemne de los ciclos a la marea,
a los años estancados
de una galaxia eterna,
como si suyo el universo fuera.
Estaba allí
firme sobre el glorioso pedestal de lozanía,
mirando altanero el fluir
de la savia que bullía,
como si suya la vida fuera,
Héroe titánico,
coloso invencible,
Heracles victorioso,
estaba allí.
Firme, confiado, desafiante, indemne,
quimérico señor del feudo de su vida,
estaba allí.
Pero la vida era de la muerte.
(MjH)