viernes, 21 de junio de 2013

QUERIDA ALICIA: Carta a una alumna díscola (2ª parte)

http://entre52.blogspot.com.es/2013/06/querida-alicia-carta-una-alumna-discola.html (1ª parte)


[...]Te decía antes que  tú, Alicia, tú y aquel grupo de la ESA tan heterogéneo, complejo e indisciplinado, al que pertenecías, arrasasteis mis esquemas, me descolocasteis. Con toda la sinceridad del mundo tengo que admitir que, desde el primer día en que entré en vuestra clase, supe que lo iba a tener muy complicado con vosotros, que de nada me iba a servir la “estupenda” programación de aula que, con tanto esmero e ilusión, había preparado durante mis vacaciones veraniegas, ni mi bagaje de experiencia. Sabía que no iba a funcionar, pero me empeñé en aplicarla por encima de la realidad de la clase y de mi propia intuición que apuntaba al fracaso.

Y me cerré en banda; y anduve días y días perdida entre vosotros con la bisoñez de mis primeros años. Hicisteis que me sintiera como una profesora novel, me retrotrajisteis a mis inicios; incluso volví a recuperar aquel pellizquillo en el estómago y el leve y casi imperceptible temblor de piernas que me acompañaba mis primeros años como enseñante. Me llevasteis a replantearme mi capacidad para la docencia y me forzasteis -¡bendita la hora!-, a modificar mis planteamientos. Porque, Alicia, con vosotros aprendí  -aunque te resulte extraño, los alumnos también nos enseñan-, que en nuestra labor lo primordial es favorecer y facilitar el aprendizaje de los alumnos y que, para que este proceso se produzca, hay que estar abierto a cualquier cambio sobre la marcha que la realidad del grupo nos exija. Nunca debes empecinarte en aplicar métodos que no te funcionen, porque estarías impidiendo que tu tarea llegue a buen puerto. Hay, por tanto, que estar abierto a cualquier cambio de método y ser flexible con el utilizado. Pero, eso sí, has de estar segura y convencida, y conocer a fondo el  procedimiento que elijas y la finalidad que persigas con él. No se debe confundir versatilidad con osadía.

 Pues bien, Alicia, cuando vencí mi resistencia al cambio y encontré la forma de comunicarme con vosotros y de transmitiros mis  pretensiones, la clase empezó a funcionar y vosotros empezasteis a ser más receptivos. Aunque tardío, fue un buen comienzo.


Y no es que estuviera todo el terreno allanado. Os seguíais mostrando aún reacios a cualquier novedad que os planteara, a toda actividad que os supusiera un cambio en vuestros tempranos hábitos, pero ya se podía hablar con vosotros, ya había comunicación y captabais bien el mensaje. Habíais aprendido a escuchar y estabais aprendiendo a exponer vuestras ideas, vuestras opiniones, vuestros gustos. A defenderlas y a rebatir la del contrario: os estabais socializando. Y hay que ver, Alicia, lo que costó, porque llegasteis totalmente incivilizados. Las formas no eran lo vuestro. Por eso, el día en que por vez primera llamaste a la puerta y  pediste permiso para entrar en clase y diste las gracias, fue el día de la revelación. Supe que el camino se estaba despejando, que estabais empezando a comprender que el aprendizaje conlleva una actitud de respeto al profesor, al compañero y al grupo en definitiva.

Sí, Alicia, me consta y te consta que, para llegar a este punto, hubo muchas reprimendas previas, muchos sinsabores, mucha oposición por tu parte a aceptar que tu forma de actuar y de desenvolverte no era la adecuada, mucha conversación contigo y con el resto de la clase. Pero fue posible el milagro, porque se pudo encontrar la forma de llegarte y de llegaros  -y, ¡mira que fue difícil!, porque tú no lo ponías nada fácil-; pero la comunicación todo lo puede  –ya sabes, “hablando se entiende la gente”-, y tú entendiste el mensaje y tus compañeros también.

 Por esta razón, has de tener presente en tu futuro que la comunicación con tus alumnos tiene que ser un objetivo primordial. Ante cualquier desencuentro, habla siempre con el afectado, hazle entender lo que ocurre. Pero hazlo a solas, nunca delante de los compañeros, ya que en la adolescencia somos muy inseguros e imprevisibles y nunca se sabe por dónde vamos a salir. Los consejos y reconvenciones que se aceptan individualmente con gran madurez y humildad, se rechazan  si hay público delante. Es un elemento connatural al adolescente: siempre ha sido así y siempre lo será, tenlo presente. No les permitas jamás un insulto, pero habla con ellos si este hecho se produce. Arregla los problemas que surjan en tu aula dialogando. No hagas dejación de tu responsabilidad. Mejor que tú nadie conoce a tus alumnos. Ten siempre presente que están en nuestras manos y necesitan de nuestros consejos y nuestra orientación. Hay que reconvenirlos si transgreden las normas, pero hazlo siempre desde el respeto.

http://entre52.blogspot.com.es/2013/06/querida-alicia-carta-una-alumna-discola_964.html (3ª parte)


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