lunes, 2 de diciembre de 2013

Soneto IX: Profanación





Puertas cerró con ademán seguro,
marcos blindó con acerado anclaje,
de rudo hierro cubrió todo el ropaje,
con doble llave de filo acre y duro.

No hubo lugar más sacro y más puro,
que al corazón sirviera de hospedaje,
a resguardo de un pirata abordaje
y al amparo de un potente y ancho muro.

Allí habitó, reliquia venerada,
en dulce paz, sin agrio adversario,
bajo el manto guardián de su morada.

Mas vino Amor, ardiente y  temerario,
a abatir la muralla levantada
y profanó con fiereza el santuario.
                                                 MjH





6 comentarios:

  1. El Amor entra donde quiere y sin aviso...Ya se lamentaba Pleberio en el conocido plancto de La Celestina...ataca en la juventud y no deja piel indiferente.
    Logradísimo poema que consigue concentrar su fuerza al final, último terceto, en donde se demuestran fracasadas todas las previsiones...
    Muy barroco...
    Enhorabuena.

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  2. Muchas gracias, Juan Manuel. Un abrazo

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  3. Extraordinario soneto de corte barroco, en la forma y en el espíritu. Y original: cerrarse al amor al final resulta inútil, es un destino inexorable: "yo no nací sino para quereros...". Enhorabuena, Milagros.

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